Paziencia, terapia gestalt y meditacion

Anorexia espiritual

A raíz de un artículo sobre introducir yoga en las escuelas de primaria, La Vanguardia propone una encuesta sobre este tema y me sirve como excusa para tratar un tema que tengo pendiente desde hace tiempo: la anorexia espiritual.

Hay varios conceptos que nuestra cultura ha vivido (y padece) que provocan un rechazo generalizado a la meditación y a cualquier tradición espiritual. El yoga y el tai-chi tambíen lo son, pero al estar orientadas al cuerpo pasan por ser unas técnicas más físicas y de relajación a los ojos incluso de quienes lo practican y no tanto por ser una vía espiritual.

Estoy convencido que si el yoga se presentara como una forma de meditación profunda y no como gimnasia las resistencias y prejuicios se habrían disparado y su aceptación hubiera sido menor. Pero es que el yoga es precisamente eso, una forma de estar aquí y ahora, y con nuestro cuerpo.

Está desmostrado que quienes practican algun tipo de meditacion regularmente son personas con mejor sentido del humor, más abiertas al amor y que superan con más facilidad los problemas, sin tanto sufrimiento. Si tan beneficiosas son sus consecuencias.. ¿qué nos hace sentir rechazo y pereza?

Algunos de los conceptos que siguen afectando a nuestras creencias y, por lo tanto a nuestra vida, son:

  • Pseudo-desacralización social: tras un estado de represión religiosa y política que duró 40 años se creó un efecto contrario y lógico de rechazo a liturgias y todos aquellos enunciados que se relacionen con la iglesia. Pero, en realidad, persisten aún temores inculcados (miedo a la muete, a ser juzgados, sentimiento de culpa, desconfianza del goce y la expresión sexual auténticas). El rechazo es, pues, sólo en la forma.
  • El mito del progreso: la expansión del capitalismo y el consumismo (anunciada con el futurismo y otros movimientos artísticos y políticos) utilizan como reclamo la idea de que todo lo nuevo es y será siempre mejor. Lo que ha llevado, entre otras cosas , a mirar poco la historia, aprender menos de ella y, como consecuencia, arrinconar a las personas mayores, en lugar de aprender de su experiencia.
  • La velocidad social: puesto que lo nuevo será siempre lo mejor, tenemos la idea de que la promesa de un mundo mejor viene a través de algo nuevo que está por llegar. “Cuanto más haga, más cerca estaré de esa promesa. No puedo pararme, porque hacerlo sería demorar mi felicidad.” Esta idea está considerada de prestigio y reconocimiento social. A la persona que trabaja mucho y de forma intensa se le reconoce su mérito (aunque con ello descuide a su familia y su propia salud), sin embargo, quien se conforma con un sueldo y trabajos dignos y destina tiempo para sus relaciones afectivas y para él mismo se dice, de forma despectiva, que es una persona sin ambición, conformista, está fuera del sistema.
  • La tecnificación de la vida: El mito de progreso (lo bueno, lo sano, lo necesario) pasa por asociación a la tecnología. Como ejemplo, la medicina se ha tecnificado cada vez más. Esperamos que nuevos medicamentos penetren en nuestro cuerpo solucionando todas nuestras enfermedades y así vivir sin miedo, sin miedo a la enfermedad, sin miedo a la muerte y sin responsabilidades, límites o cuidados. Caba destacar que en la historia no ha bajado en un sólo porcentaje el número de enfermos, al contrario. Lo que si se ha conseguido es prolongar la vida de las personas, somos más longevos y tremendamente medicados.
  • La erradicación de lo instintivo: Predomina lo políticamente correcto, es decir, lo tibio, lo que puede medirse o contrastarse, demostrarse científicamente o mediante algún código de conducta; es decir: la búsqueda del control y lo controlado. Lo instintivo, está desprestigiado y relegado a algo primitivo y poco evolucionado. Cuando San Jordi mata al dragón es el símbolo de la razón triunfando sobre el instinto aniquilándolo. Así como en otras culturas orientales el dragón y la serpiente son símbolos de la sabiduría instintiva e innata que hay en nuestro interior, aquí son símbolos de algo maléfico o peligroso. Algo que nos hace desconfiar de nuestras percepciones, de los presentimientos y nos desconecta de nuestros deseos auténticos y necesidades básicas.

Estas situaciones nos llevan a un episodio de la historia en la que no hay referentes sabios, sino multinacionales y grupos de presión indicándonos qué debemos creer, cómo debemos vivir, qué nos gusta y qué no. Crean una cadena de necesidades ficticias que por más que se llenen son insatisfactorias. Pero lo más inteligente que se ha conseguido es hacer creer a la población que las vías de conocimiento y autoconocimiento son, como poco, extrañas y poco prácticas, ya que requieren tiempo, dedicación determinación y disciplina, y han vendido su producto como algo inmediato y mejor. Los niños son los principales destinatarios de sus campañas publicitarias. Como ovejas desatentidas por el ritmo frenético laboral de los padres, siembran, desde su infancia, temores, expectativas y metas inabarcables.

El concepto MacDonald’s está presente en la mayoría de aspectos de nuestra vida: sacrificamos nuestra salud por unos instantes de sabor intenso, no sacia nuestro apetito (y lo sabemos), pero no importa, es rápido e inmediato.

Un libro de autoayuda no permite la sanación de un problema (no se puede salir de la mente, con la mente), así como tampoco lo hará una pastilla que mitigue el dolor. El problema persistirá, el cuerpo seguirá reclamando su atención. Y nuestro espíritu tambien lo hará.

Hemos venido a este mundo a dar, no a esperar recibir. Tenemos una gran capacidad amorosa que entregamos de forma escueta a un grupo muy reducido de personas, por miedo a sentir el dolor. Pero con ello cada vez se nos apaga un poco más nuestro vitalidad.

Las tradiciones espirituales ayudan a encontrar el camino amoroso, una vía que permite traspasar el ego. De hecho, en terapia, llegado a cierto punto, el paciente no avanza si no es a través de la práctica de la meditación, no entendida como un método de relajación, sino como una via espiritual.

Los niños tienen una capacidad innata para la meditación, y si practican desde jóvenes obtienen importantes beneficios. Los ejercicios meditativos como el Yoga, Chi-kun, Tai-chi, etc. permiten conectar con la respiración, la vibración natural del cuerpo y estados de la mente no alterados por los miles de pensamientos que nos golpean diariamente a cada segundo.

Haz tu mismo una prueba en este instante. Permanece unos segundos atento a tus pensamientos, y busca poner tu atención en un solo punto, en una sola idea o imagen. Comprobarás que es prácticamente imposible para la mayoría de personas estar atentas en una única cosa por más de un par de segundos.

Si tan ligados estamos a nuestros pensamientos, ¿como vamos a encontrar respuestas a nuestras preguntas en una mente tan confusa y atormentada?

La meditación es un camino para aquietar la mente y encontrar la esencia natural que tenemos en nuestro interior y tenemos olvidada. Me gusta la expresión “la meditación es traer la mente de vuelta a casa”. Toda la sabiduría necesaria está dentro de nosotros mismos.

La terapia abre puertas, la meditación permite traspasarlas.

Manuel Cuesta

Manuel Cuesta es terapeuta para adultos y adolescentes con consulta en Tarragona y Barcelona. Colaborador del equipo SAT de Claudio Naranjo y colaborador habitual de Cherif Chalakani en España y Mexico, conduce grupos de terapia y talleres, combinando la psicoterapia gestalt con la terapia corporal, el analisis bioenergético y la psicologia de los eneatipos. Es instructor de meditación. Sus datos de contacto: 668881268

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